S?bado, 08 de septiembre de 2007
DEL REPOSO CRISTIANO

ensayo

por:

Gino Iafrancesco V.

Asunci?n, Paraguay, 1974.



Con el presente estudio seguiremos la pista, en las Sagradas Escrituras, que nos hablan del verdadero reposo cristiano. Precisamente reposo fue lo que el Se?or Jesucristo vino a traer para la humanidad: ?Venid a m? todos los que est?is trabajados y cansados, y yo os har? descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, que soy manso y humilde de coraz?n; y hallar?is descanso para vuestras almas; porque mi yugo es f?cil y ligera mi carga? (Mateo 11:28-30).

Fue tambi?n reposo lo que perdieron nuestros primeros padres Ad?n y Eva en el Ed?n. Su vida era una tal de dependencia absoluta y confiada en el Creador y Su providencia, de tal manera que a?n les estaba vedado el fruto delo ?rbol del conocimiento del bien y del mal, y no se avergonzaban de estar desnudos.

Fue despu?s de perder su inocencia cuando resultaron sometidos a las severas consecuencias de la desobediencia. ?A la mujer dijo: Multiplicar? en gran manera tus dolores en tus pre?eces; y tu deseo ser? para tu marido, y ?l se ense?orear? de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del ?rbol del que te mand? diciendo: No comer?s de ?l, maldita ser? la tierra por tu causa; con dolor comer?s de ella todos los d?as de tu vida. Espinas y cardos te producir?, y comer?s plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comer?s el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste ttomado, pues polvo eres y al polvo volver?s? (G?nesis 3:16-19).

Fue al desobedecer comiendo del ?rbol del conocimiento del bien y del mal, que el hombre recibi? la muerte, el dolor, el miedo, la dificultad y todo aquello que es precisamente lo contrario del reposo con el que disfrutaba en el Ed?n mientras Dios hab?a entrado en Su s?ptimo d?a. Jesucristto vino, pues, a redimir de aquella condici?n y abrir de nuevo las puertas a los vencedores, para que tuvieran otra vez derecho al ?rbol de la Vida (Apocalipsis 2Secreto. El hombre deb?a regresar, pues, a trav?s de Jesucristo, a la vida eterna, la seguridad, la gloria, la providencia, en una absoluta y confiada dependencia del Creador, al cual, as?, honrar?a. Fue esto lo que estaba impl?cito en la promesa hecha a la humanidad, de que la Simiente de la Mujer aplastar?a la cabeza de la serpiente.
A partir de la ca?da, Dios mismo comenz? a desplegar Su plan eterno de redenci?n, cubriendo de su desnudez al hombre por medio de la sangre derramada. As? Abel ofreci? a Dios, como a la puerta del Ed?n, y as? la humanidad aprendi? la necesidad de Un sacrificio cubridor, el cual prefiguraba a Cristo y el plan de redenci?n. El problema hab?a sido el pecado; hab?a, pues, que quitarlo. Es precisamente el pecado lo que echa a perder todos los planes y las ilusiones del hombre, todas sus empresasa, emprendimientos y logros; lo que corrompe su salud, su familia, sus onstituciones, sus sociedades, es precisamente el pecado.

Solucionar el problema del hombre consiste en desarraigar el pecado, causa de la muerte y de todo mal. Pero hab?a que conocer lo que verdaderamente era el pecado, y entonces se a?adi? la Ley. El pecado no era solamente trasgresi?n de la Ley; era una constituci?n maligna heredada en nuestra naturaleza a?n antes de hacer bien o mal, desde nuestros primeros padres ca?dos. La Ley, pues, nos dar?a a conocer mejor el pecado; pero Jesucristo nos dar?a tambi?n, adem?s del perd?n, una nueva constituci?n, justa en el Esp?ritu, de naturaleza divina, mediante la regeneraci?n tambi?n por Su Esp?ritu, de manera que podamos andar en el Esp?ritu y ya nop necesariamente solo en la carne. He all?, pues, en apretad?sima s?ntesis la cuesti?n global.

Volvemos, pues, a las Sagradas Escrituras: ?...El pecado entr? en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte; as? la muerte pas? a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Pues antes de la Ley, hab?a pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, rein? la muerte desde Ad?n hasta Mois?s, a?n en los que no pecaron a la manera de la trasgresi?n de Ad?n, el cual es figura del que hab?a de venir? (Romanos 5:12-14).

La manera de la trasgresi?n de Ad?n no fue contra el Dec?logo; su desobediencia consisti? en desobedecer comiendo del ?rbol del conocimiento del bien y del mal; Eva codici? la sabidur?a para hacerse a s? misma igual a Dios. Notamos aqu? que le estaba vedado al ser humano el fruto del conocimiento del bien y del mal; no solo del mal; sino, exactamente, el fruto del ?rbol del conocimiento del bien y del mal. Tal era su inocencia, y por lo tanto, su absoluta dependencia de la direcci?n del Esp?ritu divino. Entonces vivir?a, pues no le estaba vedado el ?rbol de la Vida.

Cristo nos da de nuevo la posibilidad de comer del ?rbol de la Vida; Cristo nos regresa al r?gimen nuevo del Esp?ritu, a la dependencia absoluta de la vida y direcci?n del Esp?ritu divino. Dependencia tal del mismo Soberano Creador le honra m?s que la ciega, muerta y aparente sujeci?n a un c?digo rudimentario y figurativo, que apenas sirve de Tutor, entre tanto se forma Cristo en el hombre, por Su Esp?ritu, hasta la encarnaci?n de la perfecta voluntad de Dios revelada en Cristo y en la cual somos santificados viviendo por ?l.

D?cenos la Escritura que Ad?n era figura del que hab?a de venir, el cual es Cristo; y Cristo habl? as?: ?Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo?No puede el Hijo hacer nada por s? mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, tambi?n lo hace el Hijo igualmente? (Juan 5:17, 19). La obediencia de Cristo era, pues, directamente a la Persona del Dador de la Ley, de las sombras y los tipos, de la conciencia, etc. ?l viv?a por el Padre, y por ?l obraba. Cuando el Padre se mov?a, ?l se mov?a; cuando callaba, ?l tambi?n callaba; cuando hablaba, ?l tambi?n hablaba; cuando trabajaba, ?l trabajaba. Era as?, pues, de ?sta manera, a?n Se?or del s?bado, por la soberan?a del Padre. El s?bado ser?a as? un siervo, y no un tirano. Pero el s?bado definitivo, el verdadero reposo, ser?a, pues, Cristo mismo; del cual, el s?bado de la Ley ser?a apenas un ayo y tutor y una sombra, hasta que viniese la Simiente en quien ser?a cumplido verdadera y eficazmente; lo cual acontece ahora en Cristo Jes?s.

De manera que los que entramos en Su reposo, por medio del creer en ?l, aparte de las obras de la Ley, entramos con ?l por fe en el reposo de Dios con el cual ?l repos? el s?ptimo d?a. Somos as? guardados por Su reposo, reposando con ?l y como ?l. Eso es lo que nos dice la Carta a los Hebreos, a la que Dios mediante volveremos m?s adelante.

Observando, pues, a Cristo y Su absoluta dependencia y obediencia al Padre vivo y vivificante, notamos qu? era lo que Dios esperaba del hombre e inaugur? en Ad?n, hasta que ?sta lastimosamente cay?. Entonces entr? la muerte por el pecado, a?n antes de la Ley. Eso es lo que le?amos de la Carta a los Romanos: ?Antes de la Ley, hab?a pecado en el mundo?rein? la muerte desde Ad?n hasta Mois?s, a?n en los que no pecaron a la manera de la trasgresi?n de Ad?n?. Ad?n comi? del ?rbol del conocimiento del bien y del mal; y esa fue la manera de su desobediencia; entonces por ?l entr? el pecado; es decir, no tan solo la trasgresi?n, sino mucho peor que eso; con ?l entr? en la naturaleza humana una condici?n pecaminosa con una ley de pecado en la carne que nos lleva cautivos al pecado, a?n a nuestro pesar. Es decir, llegamos a ser pecadores por concepci?n y nacimiento a?n antes de trasgredir la Ley.

Hubo, pues, as?, pecado, a?n antes de la Ley, en la naturaleza humana; en pecado nos concibe nuestra madre, y antes de pecar y trasgredir la conciencia, o la Ley, o un c?digo, o lo que fuese, antes, somos ya pecadores. Por lo tanto rein? la muerte desde Ad?n hasta Mois?s, porque todos pecaron, y pecaron a?n antes de la Ley, por causa de haber nacido pecadores sin ni siquiera conocer la Ley, sino apenas la conciencia y el gobierno humano.

Fue entonces necesario que Dios a?adiera la Ley, para que el pecado fuese mejor conocido y reconocido, y fuese manifiesta la causa de la muerte. Entonces Dios apareci? a Mois?s y le dio el Dec?logo y otras leyes, y ritos figurativos hasta que viniese la Simiente Prometida que redimir?a; promesa anterior a la Ley, y que la Ley no invalida. La Ley ser?a, pues, la sombra y el Tutor hasta que viniese Cristo; pero ya venido Cristo, no estamos ya bajo el Tutor, sino bajo Cristo. Esto lo lkeemos as? de las escrituras: ?La Ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abund?, sobreabund? la gracia? (Romanos 5:21).

?Yo no conoc? el pecado sino por la Ley; porque tampoco conociera la codicia, si la Ley no dijera: -No codiciar?s.- Mas el pecado, tomando ocasi?n por el mandamiento, produjo en mi toda codicia; porque sin la Ley el pecado est? muerto. Y yo sin la Ley viv?a en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivi? y yo mor? (Romanos 7:7-9).

?El Pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la Ley, que vino 430 a?os despu?s, no lo abroga para invalidar la promesa?Entonces ?para qu? sirve la Ley? Fue a?adida a causa de las trasgresiones, hasta que viniese la Simiente a quien fue hecha la promesa?De manera que la Ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fu?semos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo? (G?latas 3:17, 19, 24, 25).

Desde Ad?n, entonces, hasta Mois?s, el hombre se gui? por su propia conciencia y el gobierno humano, acus?ndole o defendi?ndole sus razonamientos, estableciendo, seg?n lo mejor de su parecer, los rudimentarios c?digos que gobernaban sus acciones. Y estaban las naciones bajo el tutelaje de esos rudimentos de gobiernos humanos; luego vino la Ley Mosaica en Israel, incluyendo el Dec?logo, hasta venir Cristo. ?ste, entonces, introducir?a el Nuevo R?gimen Perfecto del Esp?ritu Santo hasta establecerse plenamente el Reino de los Cielos en justicia.

La Simiente de la Mujer vendr?a, pues, por Seth, Enok, No?, Sem, Heber, Abraham, Isaak, Israel, jud?, Isa?, David, hasta Jesucristo. Las naciones estar?an bajo el rudimento de sus c?digos y constituciones, pero con pecado en su naturaleza, ech?ndole a perder todo. Entonces Israel recibir?a la Ley, el Pacto, la Promesa, preparando el advenimiento del Mes?as, salvador del mundo, de jud?os y gentiles.

No obstante, tambi?n Israel, como los dem?s gentiles, a pesar de la Ley, estaba esclavo del pecado en su naruraleza humana. La Ley Mosaica superaba los c?digos de los gentiles, pues era revelaci?n en tipo, de parte de Dios; de lo cual la conciencia gentil pose?a apenas una deforme semejanza, un rudimentario parecido; pero ni la Ley, ni los c?digos, ni la conciencia, ni las buenas intenciones, ni las constituciones, ni los poderes legislativos, ejecutivos y judiciales, pod?an desarraigar el pecado de la naturaleza humana. Entonces lista la mies de la humanidad, encumbrada la Roma del derecho, diseminada la Grecia de la belleza, aparejado el Israel del monote?smo y guardi?n de la promesa de la Simiente, entonces, apreci? el Cristo para penetrar en las ra?ces mismas del problema humano: el pecado. Lleg? para perdonarlo, vencerlo crucificando al vieho hombre e introduci?ndonos en Su victoria por el Esp?ritu, donde ya est? desarraigadoa favor de jud?os y gentiles, andando en Quien tenemos poder sobre la carne ca?da. Vino Cristo anunciando a la humanidad entera la cercan?a del Reino de los Cielos. De aquellos gustadores de Su gracia y de Su vida, se formar?a Su Iglesia; y con ?sta se sentar?a a juzgar en el Milenio, hasta entregar el Reino, en pacificaci?n y reconciliaci?n completa, al Padre, en el Cielo Nuevo y La Tierra Nueva. Aquellos, pues, que rechazaran Su gracia, quedar?an, por rebeli?n definitiva, convictos de juicio y reos de muerte y destrucci?n eterna. A los tales se les dar?a entonces la oportunidad de intentar un gobierno mundial sin Dios, con lo cual llenar?an el mundo de tribulaci?n; y una vez satisfechas sus pretenciones como las del diablo, pues de ?ste es de quien proviene la rebeli?n, y coronado satan?s como rey, su propia iniquidad les arrojar?, como castigo de Dios, en la destrucci?n total, bajo las plantas del Soberano Rey de reyes y Se?or de se?ores, Aquel cuyo es el derecho: el Verbo de Dios.

Observando en forma global el plan, ubicamos, pues, en la historia, el lugar y prop?sito de la Ley Mosaica. Conten?a, pues, esta Ley, en figura, el elemento eterno de la voluntad del Padre, la sombra de los bienes venideros; de all? las expresiones: ?eterna? e ?inmutable? que se le aplican. Tal aplicaci?n, sin embargo, ser?a apenas perfecta cuando fuera cumplida y magnificada en la persona de Cristo, por amor de la justicia de Dios. Jes?s hab?a dicho: ?Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entrar?is en el reino de los cielos? (Mateo 5:20).

Los jud?os se hab?an embrollado en la letra de la Ley, y estaban ajenos al Esp?ritu del Dador de la Ley. Era, pues, necesario que con Un Nuevo Pacto se derramase el Esp?ritu del Dador de la Ley; y para tal efecto vino Jesucristo. Entonces la Ley ser?a magnificada bajo el R?gimen Nuevo del Esp?ritu, seg?n el Nuevo Pacto.

?Y despu?s de esto derramar? mi Esp?ritu sobre toda carne, y profetizar?n vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos so?ar?n sue?os, y vuestros j?venes ver?n visiones. Y tambi?n sobre los siervos y sobre las siervas derramar? mi Esp?ritu en aquellos d?as?? (Joel 2:28,29).

?Porque en lengua de tartamudo y en extra?a lengua hablar? a este pueblo, a los cuales ?l dijo: -?ste es el reposo, dad reposo al cansado; y ?ste es el refrigerio?? (Isa?as 28:11, 12).

?He aqu? viene d?as, dice el Se?or, en que establecer? con la casa de Israel y la casa de Jud? un nuevo pacto; no como el pacto que hicieron sus padres el d?a que los tom? de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentend? de ellos, dice el Se?or. Por lo cual, ?ste es el pacto que har? con la casa de Israel despu?s de aquellos d?as, dice el Se?or: -Pondr? mis leyes en la mente de ellos y sobre su coraz?n las escribir?; y ser? a ellos por Dios, y ellos me ser?n a mi por pueblo, y ninguno ense?ar? a su pr?jimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: -conoce al Se?or,- porque todos me conocer?n, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque ser? propicio a sus injusticias, y nunca m?s me acordar? de sus pecados y de sus iniquidades? (Hebreos 8:8-12 en base a Jerem?as 31:31-34).

?Yahveh se complaci? por amor de su justicia en magnificar la Ley y engrandecerla? (Isa?as 42:21).

Dios, pues, prometi? derramar Su Esp?ritu, magnificar Su Ley y cambiar el coraz?n de piedra por uno de carne, poniendo Su Esp?ritu en nosotros. Es all? donde entra en escena Jesucristo para hacer posible esto. ?Qu? hace ?l? Cumple la Ley, la magnifica, satisface con Su muerte expiatoria la justicia de la Ley que nos condenaba por trasgresores, resucita y asciende para enviar del Padre al Esp?ritu Santo, para los que creen, estableciendo as? el nuevo r?gimen del Esp?ritu, presentando la realidad en lugar de la sombra, y dando al hombre el verdadero reposo. Quedaba as? establecida en ?l una nueva creaci?n que por la fe entra de nuevo en aquel reposo con que Dios repos? el s?ptimo d?a. ?Hoy?, pues, podemos entrar en aquel reposo creyendo en Cristo.

La tierra misma y la creaci?n ser?n tambi?n libertadas de la esclavitud de corrupci?n, para alcanzar la libertad de los hijos de Dios. Entonces ser? completa la redenci?n: Cielo Nuevo y Tierra Nueva, Nueva Jerusalem, con nuevas creaturas en cuerpos glorificados y vida eterna. El plan que Dios ten?a en el principio, lo quiso inaugurar en el Ed?n. Ahora, pues, ser? restaurado el Ed?n y coronado con la Ciudad Santa de la Nueva Jerusalem que desciende del cielo de Dios. El debido orden es: (1?) Cristo, (2?) nosotros los de Cristo, (3?) la creaci?n completa. Cristo ya vino como la cabeza de la nueva raza; venci? a la muerte y est? coronado de honra y gloria a la diestra de la Majestad en las alturas; entonces derram? el Esp?ritu Santo, y quienes vivan por ?l, dando Su fruto, son Su Iglesia, qque se prepara para la adopci?n y el advenimiento del Se?or. Entonces el juicio tomar? cuenta de los rebeldes, y la tierra y el cielo actuales ser?n quemados. Entonces un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra ser?n establecidos, donde mora la justicia, con los redimidos. Ser? entonces la consumaci?n del Reino de los Cielos.

Entre la era nuestra y el Reino eterno definitivo hay un per?odo de mil a?os; el d?a en que Dios quitar? de la tierra, como lo hizo en la Cruz, pero ahora cumplida y reclamadamente, el pecado. En ?ste d?a de mil a?os reinar?n los vencedores con Cristo; aquellos que reciban facultad de juzgar (Apocalipsis 20).

Notamos que el punto crucial de la historia es entonces la venida del Se?or Jesucristo; es all? cuando la Ley es cumplida y magnificada, la expiaci?n satisfecha, y el pacto definitivo del r?gimen nuevo del Esp?ritu, como al principio, es inaugurado. Deteng?mosnos, entonces, a observar al Cristo cumplidor y magnificador de la Ley. As? habl? y obr?:
?No pens?is que he venido para abrogar la Ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasar? de la Ley, hasta que toda se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy peque?os, y as? ense?e a los hombres, muy peque?o ser? llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los ense?e, ?ste ser? llamado grande en el reino de los cielos? (Mateo 5:17-19).

Cristo fue m?s all? de la letra; ?l lleg? hasta demostrar el Esp?ritu mismo del Dador de la Ley; y fue entonces cuando la magnific?. Tom? el Dec?logo y las otras leyes y dijo: ?O?steis que fue dicho a los antiguos: -No matar?s, y cualquiera que matare ser? culpable de juicio.- Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, ser? culpable de juicio; y cualquiera que le diga: -Necio,- ser? culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: -Fatuo,- quedar? expuesto al infierno de fuego? (Mateo 5:21, 22). Entonces continu? diciendo acerca del adulterio del coraz?n (Mateo 5:28), de la dureza del coraz?n en el repudio (Mateo 19RollEyes, de no jurar sino que baste con una palabra honrada (Mateeo 5:33-37), de amar a los enemigos en vez de aborrecerlos (Mateo 5:43, 44), de ir m?s all? de la milla pedida, de adorar en esp?ritu y verdad, de poner el s?bado al servicio del hombre y no al hombre al servicio del s?bado, de hacer el bien en secreto delante de Dios, de juzgar con misericordia o no juzgar, de no invalidar el mandamiento por la tradici?n, ni deformar la justicia colando el mosquito y tragando el camello mientras se limpia lo de afuera sin hacerlo primero por dentro, etc., etc. En fin, la Ley de Dios fue verdaderamente magnificada en ?l conforme a la profec?a, siendo ?l mismo la personificaci?n de la perfecta voluntad de Dios.

Muchos jud?os lo acusaron de blasfemo y de quebrantar el s?bado; pero ?l les demostr? que ?l era el Hijo de Dios, y cual era el verdadero reposo que Dios quer?a para el hombre. S?, demostr? el Esp?ritu del Dador de la Ley; entonces la magnific?: ?O?steis que fue dicho?m?s Yo os digo??. Adem?s cumpli? en S? mismo el sacrificio prefigurado en los ritos. Con la experiencia de Su vida fue el antitipo de lo cual el antiguo pacto eera apenas una sombra figurativa. S?, ahora, en lugar del templo, ?l era el Templo y le edificaba verdadera casa al Padre. En lugar de becerros y carneros, derram? Su propiua sangre. En lugar de tablas de piedra en un arca de madera y oro figurando la presencia de Dios en el coraz?n, ?l fue lleno del Esp?ritu y satisfizo el deseo del Padre. ?Mi Padre hasta ahora trabaja y Yo trabajo?, entonces quisieron apedrearlo. No entendieron que lo importante era agradar verdaderamente al Dador de la Ley. En amarlo sobre todas las cosas, y al pr?jimo como a nosotros mismos, descansaba toda la Ley y los profetas. Y en la obediencia al nuevo mandamiento del Amor los unos por los otros, se cumplir?a toda la Ley. Contra el fruto del Esp?ritu Santo no hay Ley. Necesario es, pues, vivir por el Esp?ritu; y quieenes por ?l son guiados, ?stos son los hijos de Dios. He all? el Nuevo R?gimen, la voluntad perfecta, la Perfecta Ley, la Ley de la Libertad. Cristo trajo en S? al Esp?ritu que estaba detr?s de la letra de la Ley, como lo anticipaban los profetas. ?l ha sido el ?nico hombre sobre la faz de la tierra que cumpli? la Ley al agrado del dador de ella; de lo cual Dios mismo dio testimonio: ??ste es mi Hijo amado en el cual tengo contentamiento; a ?l oid? (Mateo 17Avergonzado. Jes?s hab?a dicho: ?Yo hago siempre lo que le agrada? (Juan 8:29). La profec?a lo anunciaba sin defecto.

Dios constituy? entonces a Cristo en nuestra Ley, identific?ndonos con ?l por medio del Esp?ritu Santo. Los fariseos, con un celo ciego y sin ciencia, pensaban que el paral?tico no deb?a cargar su lecho en s?bado porque trasgredir?a la letra de la Ley; pero el Dador de la Ley era el que hab?a dado la orden a trav?s de Cristo: ?Lev?ntate, toma tu lecho y vete a tu casa?. De esa manera le hizo descansar. Ese era el reposo con el cual ser?a servido el paral?tico, pues el s?bado fue hecho por causa del hombre.

Entonces ?ste Cristo inocente, sin m?cula ni defecto, fue llevado a la muerte de cruz, para morir en lugar de todos nosotros los culpables. La Ley nos condenaba a muerte por trasgresi?n y naturaleza ca?da, y la verdadera trasgresi?n era desagradar al Padre. Eentonces Cristo muri? la muerte a la cual tambi?n la Ley nos condenaba, y no solo desde Mois?s, sino desde aquella sentencia cuando Dios dijo en el Ed?n: ?El d?a que comi?reis del fruto del ?rbol del conocimiento del bien y del mal, ciertamente morir?is?. El inocente Cordero de Dios fue nuestro sustituto. El inocente fue tratado como culpable, para que nosotros los culpables pudi?semos ser perdonados y recibidos regenerados por Su eesp?ritu como nuevas creaturas en ?l, como inocentes, al recibirle a ?l como Hijo de Dios, Salvador y Se?or, resucitado de la muerte expiatoria, y recibir su expiaci?n, confiando de coraz?n en ella. Cristo resucit? habiendo expiado nuestras culpas y al habernos crucificado, resucitado ascendido y escondido con ?l en Dios. Al ascender y ser glorificado a la diestra de la Majestad en las alturas, derram? del Padre Su Santo Esp?ritu para capacitarnos para vivir Su vida, y solamente as? poder agradar a Dios por la fe, y en el Esp?ritu vivir en Cristo Jes?s para agrado del Padre.

Fue entonces Cristo quien cumpli? la Ley, la magnific? y fue ?m?s all? de la segunda milla?; fue ?l quien luch? y venci?, y entonces volvi? a nosotros por Su Esp?ritu para hacernos participantes de la natruraleza divina, mediante una nueva creaci?n provista del elemento de Su resurrecci?n como don de la justicia y de la victoria perfecta, creadoa en la justicia y santidad de la verdad, a la imagen, por Su Esp?ritru, del que nos cre?.
La Ley hab?a cumplido su prop?sito: nos hab?a hecho convictos de pecado y nos hab?a condenado a muerte para conducirnos a Cristo como ?nica esperanza. Entonces, en la cruz de Cristo, identificados con ?l por la fe, recibimos el juicio de muerte, sufrimos el peso de la Ley y la justicia que demandaba muerte para el trasgresor. La justicia de la Ley fue satisfecha en la muerte por crucifixi?n de Cristo por nosotros, inclut?ndonos en ?l, que fue hecho maldici?n por nosotros. Entonces resucitamos con ?l, pues por el Esp?ritu nos dio Su vida, para que vivamos por ?l, quien por el Esp?ritu que contiene el pleno cumplimiento de Su palabra, y para que as? ?l sea nuestra ley interior vivificante, puesto que la vieja y buena y eterna Ley ya hab?a cumplido su justicia sentenci?ndonos. Ahora, por el esp?ritu cumplimos la justicia de la Ley. Quien est? en Cristo permanece en s?bado, pues Cristo mismo es el cumplimienbto perfecto de todas las fiestas sagradas.

Gino Iafrancesco V., 1974, Paraguay.

Tags: cristianismo, reposo, descanso, sábado, evangelio, ley, régimen nuevo

Publicado por giv1 @ 23:24
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