martes, 04 de septiembre de 2007
SÍNTESIS DE LA ECONOMÍA DIVINA

El depósito de Dios
Para seguir el contexto de la economía de Dios, comenzaremos haciendo un rápido panorama con el fin de tener una síntesis o quintaesencia. Todo comienza con Dios, el cual es el origen de todo. Pero El no es un Dios indefinido, sino un Dios que se ha revelado, el cual se agradó en habitar en Su Hijo Jesucristo plenamente. La plenitud de Dios el Padre mora en Su Hijo y se ha revelado a través de Su Hijo Jesucristo, y Dios se ha dado a conocer específicamente en Jesucristo. Luego, el Padre y Jesucristo enviaron el Espíritu Santo. El Espíritu Santo viene en el nombre de Jesucristo, el cual a su vez vino en el nombre del Padre. Todo lo que es del Padre y del Hijo, lo toma el Espíritu y lo da a la Iglesia. En consecuencia, el Espíritu Santo ha entregado un depósito a la Iglesia. Es lo que la Biblia llama el buen depósito, o el depósito de Dios.

Este depósito es todo lo que el Señor es, todo lo que el Señor ha hecho, todo lo que el Señor ha revelado a lo largo del período de la revelación proposicional de la Biblia. Este depósito de Dios es entregado a lo que la Biblia llama el ministerio. El ministerio es el depositario del depósito de Dios. El ministerio en general es el ministerio del Nuevo Pacto, el ministerio de la Palabra, o del Evangelio, el ministerio de la reconciliación, el ministerio de la justificación, o de la justicia, el ministerio del Espíritu. Ese ministerio no se refiere tan solamente al de alguna persona en particular, sino al ministerio de todo el Cuerpo de Cristo, el cual está representado en los ministros. Todo el Cuerpo de Cristo, todos los santos, tienen que trabajar en la obra del ministerio. Dentro del ministerio, el apostolado es el que lleva la responsabilidad de ser pionero. La Biblia dice: "...primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan..." (1 Co. 12:28). Cuando dice primeramente, significa que los pioneros para entregarles el depósito de Dios en el ministerio, son los apóstoles. La obra de los apóstoles está relacionada con eso. La obra es una palabra que usó el Espíritu Santo, cuando el presbiterio de la iglesia en Antioquía, profetas y maestros, estaban ministrando al Señor, dijo el Espíritu Santo dijo: "Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hechos 13Bastardo Kitty. Notemos que Bernabé y Saulo ya eran ministros, ya eran profetas, ya eran maestros cuando estaban en la iglesia de la ciudad de Antioquía, estaban trabajando, y su apartamien¬to para la obra, no era para el ministerio, pues ellos ya estaban en el ministerio siendo profetas y maestros trabajando en la iglesia de Antioquía, y ya llevaban varios años. Pero fueron separados para la obra apostólica. Probablemente ellos ya habían estado ministrando algunos años a la iglesia en Antioquía cuando el Espíritu Santo dijo: "Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado".
Tal obra consistió en evangelizar en muchos lugares de todas aquellas regiones, discipular para el Señor a los evangelizados, fundar y establecer con ellos las respectivas iglesias de sus localidades, una por localidad, enseñándoles, instruyéndoles, poniendo en orden los asuntos, corrigiendo las deficiencias, reconociendo y nombrando los presbiterios en esas iglesias, y algunas veces inclusive corrigiendo a los ancianos que pecaban en las iglesias, y tratando dentro de la comunión apostólica los asuntos que surgían en la obra. Todo aquel trabajo fue llamado de la obra. Dentro de todo aquel trabajo de la obra, existe “la escuela de la obra”, cuya función es entregar el Consejo de Dios. En Hechos 19:9,10, dice: “ 9 ...y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. 10Así continuó por espacio de dos años...”. De ahí viene la palabra escuela. Esto aconteció en la ciudad de Efeso; Pablo transmitiendo todo el consejo de Dios. Tal trabajo fue llamado por Pablo en Mileto, delante de los ancianos de la iglesia de Efeso, como el anuncio de todo el Consejo de Dios, cuando en Hechos 20:27, les dice: “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios”. Es de este concepto bíblico de donde sacamos la expresión la escuela de la obra. De la obra porque fue dentro de la obra apostólica que el apóstol hizo uso de la escuela Pablo permaneció dos años allí enseñando, dialogando, transmitiendo y anunciando todo el consejo de Dios. El consejo de Dios, es la visión general de la economía divina, del evangelio del Reino.

El depósito de Dios y el ministerio

Notemos que el ministerio no consistía simplemente en anunciar en pequeño mensaje aquí y otro allá, sino todo el consejo de Dios. El apostolado es comisionado con la economía divina. Pablo hablaba que la economía divina le había sido encomendada. Todo el consejo de Dios, es el propósito de la escuela de la obra. Pero la escuela de la obra en sí misma no es el objetivo final. Ella trabaja para que el consejo de Dios sea trasmitido a las iglesias de las localidades. Los apóstoles no fundaron denominaciones, ni trabajaron denominacionalmente, sino que fundaron una iglesia por localidad, sujeta a Cristo como cabeza, inclusiva de todos los hijos de Dios, y abierta a la comunión del Cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo no permitió a los apóstoles establecer sucursales denominacionales de su propia misión, sino trabajar en función del Cuerpo de Cristo, edificando la iglesia en cada localidad dentro de la comunión universal en Cristo Jesús. Ellos no fundaron cada uno su misión. No encontramos en la Biblia una misión de Pablo, y otra de Apolos, y otra de Cefas; y cuando los creyentes en Corinto quisieron dividirse en misiones y denominaciones, el Espíritu no se los permitía. ¿Cómo van a decir ustedes: yo soy de Pablo, yo soy de Apolos, yo soy de Cefas? No, ellos trabajaban eran para el Cuerpo. En Corinto los hermanos querían dividirse según la misión de los diversos líderes, unos de Pablo, otros de Apolos, otros de Cefas, otros pretendiendo únicamente ellos ser de Cristo, en actitud exclusiva, entonces el Espíritu Santo inspiró a Pablo a escribirles y corregir tal situación. Tal corrección del Espíritu en las Escrituras sigue siendo válida hasta hoy. Los apóstoles trabajaron para el Cuerpo. Tal Cuerpo se manifiesta en candeleros, los cuales son las iglesias de las localida¬des. Un candelero por localidad o municipio, según el Apocalipsis y todo el resto del Nuevo Testamento. El trabajo de la obra es en función de las iglesias locales para que estas sean establecidas y edificadas. Mas también las iglesias locales tienen su respectiva función. Ellas no deben vivir bajo la improvisación. Ellas deben comprender para qué fueron plantadas por Dios en cada localidad. Ellas deben saber en función de qué existen. Ellas existen en función de la economía divina, es decir, el programa de Dios que desarrolla el propósito eterno de Dios. Eso es lo que se llama la economía divina. Las iglesias locales existen para contener y expresar a Dios, desplazando al enemigo. En ellas debe desarrollarse el programa de Dios que busca cumplir el propósito eterno del Altísimo.

Dios tiene un objetivo, un propósito eterno. Para desarrollarlo, El ha hecho un programa administrativo. La Iglesia es el vehículo de Dios que desarrolla el programa divino. Las iglesias son edificadas para llevar adelante el programa de Dios, que cumple el propósito de Dios, y que consiste en la economía de Dios. La economía divina se relaciona al misterio de Dios que estaba escondido, pero que ahora han sido manifestado a la Iglesia. Hemos visto que los misterios como un desmenuce o desglose de todo lo que tiene que ver con la economía divina. La economía divina se relaciona a todo el programa del plan eterno de Dios. Se relaciona con Dios mismo y con Su pueblo, aun los israelitas y las naciones tienen un lugar en el programa de Dios. Pero precisamos de un resumen, de una quintaesencia de la cosmovisión, una síntesis, una idea básica que nos permita resumir en qué consiste la economía divina y sus principales elementos, de modo a conducir¬nos según Dios; pues hemos leído todos esos pasajes, hemos visto en forma panorámica todas las cosas y misterios de que consta, pero necesitamos de una síntesis que nos permita ver en qué consiste todo eso; luego ver los elementos principales de esa síntesis, que son los que van a justificar el plan orgánico de la Escuela de la Obra.

La quintaesencia

¿Cómo podríamos hacer una declaración sintética de aquello en lo que consiste la economía de Dios? De la forma más simple y resumida, ¿en qué consiste la economía de Dios? Podríamos decir que la economía de Dios consiste en el Dios trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo), dispensándose o administrándose o entregándose a sí mismo al hombre tripartito (espíritu, alma y cuerpo) y corporativo, para ser contenido y expresado corporativamente, habiendo tratado con Su enemigo. Dios el Padre revelado a través del Hijo. El Hijo, portando al Padre, habiéndose encarnado, vivido, muerto, habiendo sido sepultado, habiendo resucitado, ascendido, sido glorificado, estando intercediendo, habiendo derramado Su Espíritu, el cual tiene lo del Hijo, que tiene lo del Padre, lo que El es en esencia, lo que Dios ha hecho, y lo que ha dispensado al hombre. Dios en Cristo se dispensa, por una parte, al hombre individual, a cada persona creyente en Jesucristo, en su espíritu, en su alma, en su cuerpo, regenerando, renovando y glorificando. Mas no solamente a cada uno individualmente, sino haciendo también de todos los creyentes en Jesucristo, nacidos del Espíritu, un solo Cuerpo, un solo y nuevo hombre corporativo. Este Dios completo, en naturaleza y economía, lo que en El es comunicable, y lo que El hizo a través del darse por medio del Espíritu, que toma todo lo que es y ha hecho para cada uno de los creyentes, formando un solo Cuerpo, este Dios completo, pues, se contiene y se expresa en ese Cuerpo y desde ese Cuerpo trata con su enemigo, aplicando a la Iglesia la victoria de Cristo. Primero trató en Cristo con Su enemigo. Y ahora a través del Espíritu por la Iglesia. Todo ese programa de Dios no es tan sólo temporal, sino que tiene una culminación, una expresión completa. Después de este intento de declaración mínima y sintética, veamos ahora algunos de los principa¬les elementos aquí percibidos. El primer elemento es Dios. En la consideración del Dios trino ya tenemos el contenido de por lo menos tres importantes materias en pauta, o aun cuatro en un plan orgánico:
La Teología Propia, o propiamente dicha, que se ocupa de manera particular de Dios mismo, considerando lo que Dios es según su propia revelación.
Por su parte, la Divina Teleología se ocupa de los objetivos de Dios, del propósito eterno de Dios, de Su beneplácito, de Su voluntad, del designio de Su voluntad, de Su presciencia o conocimiento anticipado, de Su predestinación, de Su consejo determinado, de Su ordenación, de Su preparación de antemano.
La Cristología tiene que ver con quién es el Hijo de Dios, cómo es divino, cómo es humano, en qué consistió la kenósis (χηvσιςGuiño o despojamiento, la encarnación, la concepción virginal y el nacimiento, el vivir humano suyo, la cruz, la obra de la cruz, la resurrección, la ascensión, la intercesión sacerdotal, el señorío, Su retorno, etcétera. Porque el dispensarse de Dios es principalmente por amor eterno de Dios; El Padre amando, queriendo, conociendo, dirigiendo, determi¬nando, escogiendo, predestinando, etcétera. Entonces, el Hijo viniendo a hacer la voluntad del Padre, encarnándose, santificándose, muriendo propiciatoriamente, resucitando, etcétera.
La Pneumatología, por su parte, trata del Espíritu Santo.
Y entonces viene a continuación en esta esta consideración de los elementos incluídos en la economía divina, la Soteriología, que trata todo lo relativo a la salvación. Del griego soter [Σoτερ], salvador, y sotería [Σoτερία], salvación. Es el dispensarse de Dios; es todo el proceso de salvación, tanto la obra objetiva del Señor como la aplicación de esa obra completa; cómo de aplica esa obra al hombre tripartito.

La Antropología trata del hombre tripartito, otro importante elemento de la economía divina. ¿Quién es el hombre? ¿Para qué fue creado? ¿Cómo fue creado? ¿De qué partes se compone? ¿Cómo funcionan su espíritu, su alma, y su cuerpo? ¿Cómo afectó el pecado a cada una de éstas tres partes del hombre? ¿Cómo opera la salvación en el espíritu, en el alma y en el cuerpo? Todo esto a nivel individual y a nivel general.
La Hamartiología (del griego hamartía [άμαρτία], pecado) trata del mal y del pecado. Tiene sus raíces en la Satanología y la Demo¬nología. La hamartiología trata de aquello que enfrenta la soteriología. Entonces, con la salvación corporativa se llega a la Eclesiología. ¿Cuál es el lugar de la Iglesia en el plan eterno de Dios? ¿Cuál es la naturaleza de la Iglesia? La eclesilogía trata, pues, de todo lo relativo a la Iglesia, su tipología, profecía, aspectos, gobierno, vida práctica, historia, etcétera.
Pero la Iglesia no es el asunto final. Después viene el aspecto milenial del Reino y luego la Nueva Jerusalén y todo tipo de culmina¬ción. Todo el desarrollo histórico y el sentido profético de la Biblia tiene una consumación: la economía del cumplimiento de los tiempos. Y de eso trata la Escatología.
Vemos entonces que todas las materias de la Teología Sistemática están involucradas en el desenvolvimiento de esta pequeña síntesis. Al considerar la declaración acerca del Dios Trino dispensándose al hombre tripartito y corporativo para contenerse y expresarse corporativamente habiendo tratado con Su enemigo, encontramos allí a la Teología, la Teleología, la Cosmología (que trata de la creación), la Angelología, la Satanología, la Demonología, la Antropología, la Hamartiología, la Cristología, la Pneumatología, la Soteriología, la Eclesiología, la Escatología. De manera que la Teología Sistemática debe servir para al desenvolvimiento de la Sístesis de la Economía Divina. Todas estas materias no deben ser consideradas sueltas, sino en función de la economía divina. Nunca se debe perder de vista la línea central. Todas estas materias simplemente profundizan en los elementos coherentes de la única economía divina.

El primer elemento a profundizar en esta síntesis es el Dios Trino, pues lo esencial y fundamental es Dios mismo. Lo que Dios ha querido es manifestarse El mismo, darse a conocer y hacer contener Su gloria expresa. En la consideración de este principal asunto tenemos que ver lo que Dios ha revelado acerca de Sí mismo, de Su ser, de Sus atributos, de la razón profunda de Su Nombre y nombres, Sus objetivos, y entonces los pasos que ha realizado. ¿Quién es El para sí mismo? ¿Qué ha hecho en función de nosotros? Es decir, ¿qué es la Trinidad esencialmente? y ¿cómo ha operado económicamente en la administración de Dios? Estamos viendo ahora el simple panorama, la introducción. Deben ser administrados los misterios de Dios. Lo que ya hemos recibido de Dios, lo que hemos oído, lo que ya hemos digerido, tenemos que administrarlo, trabajarlo y ponerlo a funcionar, pero a la vez tenemos que seguir alimentándonos.

El Señor se dispensa en función del matrimonio
El segundo elemento en esta síntesis, después del Dios Trino, es el importante concepto de dispensar. La palabra dispensación es muy grande y significativa. Dispensarse significa administrarse a sí mismo de una cierta manera, tomar de sí mismo y entregarse, y lo que Dios ha hecho a través de Su amor eterno y Su propósito, a través de Su revelación, encarnación, la muerte de Cristo, la resurrección, el derramamiento del Espíritu. Todo eso fue hecho a nuestro favor y para Sí mismo. Un matrimonio. Para ese matrimonio el Verbo de Dios se encarnó, vivió, murió, resucitó, ascendió a los cielos, intercede, gobierna, envió al Espíritu, va a volver. Todo eso es el dispensarse de Dios. El Espíritu enviado y derramado tiene que hacer muchas cosas, entre ellas, importantes son, regenerar, renovar, transformar, configu¬rar, glorificar, todo por medio de Sí mismo en nombre del Hijo y del Padre.
Como resultado de este dispensarse de Dios al hombre tripartito, resulta la Iglesia. Tenemos que entender que la Iglesia no es simple¬mente una organización, ni una denominación, sino un organismo vivo, vivificado por este dispensarse de Dios; y por eso aparece como un candelero en cada población. Todo esto está relacionado con el Misterio de las Siete Estrellas y los Siete Candeleros de Oro, lo cual a su vez es una expresión bíblica del Misterio de Cristo: la Iglesia. Necesitamos de todo el misterio de Dios consumado, de la Iglesia, del Reino, de la Jerusalén de Dios, de la consumación final. La Escatolo¬gía y la Eclesiología, en la economía divina, provienen de la Teología, la Teleología, la Antropología y la Soteriología mediante la Cristología y la Pneumatología. El hombre tripartito y corporativo es, pues, el objetivo de este gran dispensarse de Dios en amor, por de Cristo y el Espíritu, en función del matrimonio místico.

Todo el carácter y la obra del Padre se ha revelado a través de Jesucristo. Y todo lo que el Padre ha revelado y hecho a través de Jesucristo, es entregado por el Espíritu. Así que el Espíritu es el que contiene todo lo necesario, todas las bendiciones espirituales en Cristo Jesús, para que los escogidos de Dios en Cristo antes de la fundación del mundo, puedan alcanzar el propósito de Dios. Como está escrito en Efesios 1:3,4: "3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor...". O sea que Dios puso en Cristo todas las bendiciones necesarias para que los escogidos puedan alcanzar el propósito de Dios. El propósito de Dios es la propia expresión gloriosa y amorosa de Dios. Lo que Dios quiere es expresarse y darse plenamente. Expresarse dándose. Pero esa manifestación tiene sus etapas.
Después de la creación, primeramente Dios se reveló un poco a través de los profetas. En Hebreos 1:1 2 dice: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo". O sea, que el Padre se ha ido revelando poco a poco, progresivamente, en el Antiguo Testamento, hasta completar Su revelación en Cristo. Ahora el Hijo ha hecho también un trabajo. El Hijo, el Verbo de Dios, se despojó a sí mismo, y como hombre se santificó por nosotros. El dijo: "...y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad" (Juan 17:19). Quiere decir, que para que los escogidos puedan alcanzar lo que Dios ha propuesto, era necesario que el Hijo lo alcance primero como hombre. Dios debía obtener en Cristo como primicia los que Él quiere obtener del hombre. El Señor Jesucristo llegó a ser el hombre que Dios quería. Ahora Dios toma para nosotros a Su Hijo Jesucristo mediante Su despojamiento (kenosis, [χήvoσις]), concepción y encarnación, nacimiento y vivir humano, en función de nosotros, santificándose por nosotros para el Padre, consiguiendo en Sí mismo un hombre perfecto para perfeccionarnos. Dios toma este Hombre perfecto en el cual está plenamente contenido y expresado, y lo entrega, por el Espíritu, para que se forme en nosotros, habiéndonos perdonado y limpiado por la sangre de Su muerte en la cruz. Así, pues, que el Espíritu toma lo que es del Padre y del Hijo y comienza a ministrarlo y repartirlo entre nosotros.

La materia que trata de lo que el Espíritu Santo es y hace, es, pues, la Pneumatología. Todo lo que el Padre trabajó primeramente en uno solo, en Su Hijo Jesucristo, el Espíritu tiene que reproducirlo en un Cuerpo místico. Este es el orden que aparece en la Biblia. Cristo, las primicias. Luego, los que son de Cristo en Su venida. Entonces el fin, cuando el Hijo entregue el Reino a Su Padre para que Él sea todo en todos (1 Corintios 15:23-28). Estos versos demoran siglos aún en desarrollarse.
Hay un orden el cual comienza con Cristo cual las primicias. Dios se revela, se contiene, se expresa y trata con su enemigo, primeramente a través de un solo hombre, el Primogénito, Su propio Hijo Jesucristo, para que en todo tenga la preeminencia. Tal es el contenido de la Cristología. Mas Dios quiere que su Hijo Jesucristo sea "el primogéni¬to entre muchos hermanos" (Ro. 8:29). También en Hebreos 2:10 18 dice: "10Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. 11Porque el que santifica y los que son santifica¬dos, de uno son todos. Por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre. 18Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados". Dios quiere que Su Hijo místicamente "se case". Dios quiso hacerle bodas a Su Hijo. Dios quiso darle a Su Hijo una esposa, la cual es la Iglesia. A tal Cabeza quiso darle un Cuerpo. Dios quiere que Su Hijo tenga la preeminencia, y para eso creó el universo para que Su Hijo sea el heredero; y a este heredero le dio coherederos, la Iglesia, la esposa. Cristo, las primicias. Luego los que son de Cristo en Su venida. Los que son de Cristo son la Iglesia. Primeramente la salvación, y entonces la maduración de la Iglesia hasta ser manifestada con Él en gloria, hecha semejante a Cristo poco a poco desde ahora hasta que Él venga.

Misterio de Dios, Cristo; misterio de Cristo, la Iglesia

Primeramente fue Cristo solo. Cristo, las primicias. Este Cristo, quien es el Señor Jesús, murió, resucitó, ascendió, envió del Padre Su Espíritu, se incorporó en la Iglesia, y la purifica, la santifica, la regenera, la renueva, la transforma, la configura a Su propia imagen y la glorifica. Dijo Pablo a los Colosenses 3:4: "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria". Entonces puede verse la segunda parte del misterio. La primera parte es el misterio de Dios: Cristo. La segunda parte es el misterio de Cristo, la Iglesia. Esto se corresponde con la declaración bíblica: "Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida" (1 Co. 15:23). La expresión "los que son de Cristo", abarca todo la historia de la Iglesia. Cuando Cristo viniere, culmina la segunda etapa de la manifestación de la gloria de Dios, con la manifestación gloriosa en la segunda venida de Cristo. Primeramente Dios es invisible. Juan escribió que "a Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Jn. 1:18). Cristo, las primicias. Jesús dio a entender a Pedro que como el Padre le reveló quién era Jesús, ahora Él le diría quién era Pedro. Tú eres una piedra de un edificio, eres de mi Cuerpo. Es como si le dijera, Yo mismo me multiplico; Yo soy un grano de trigo, pero la vida de este grano de trigo se va a multiplicar en muchos granos de trigo semejantes. De aquel que era uno van a haber muchos. Yo soy, puede decir Jesús, el Primogénito y ustedes son los hermanos del primogénito. Yo soy el esposo y ustedes son la esposa. Yo soy el heredero y ustedes son los coherederos. Yo soy la cabeza, y ustedes son el Cuerpo" . Todo esto es: Cristo las primicias, luego los que son de Cristo en Su venida.

1 Corintios 15:24 continúa: "...luego el fin,...". Mas también este fin tiene varias partes, pues está escrito: "...cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia". En esta última expresión del verso vemos lo relativo al enemigo. Dios en Cristo por el Espíritu conteniéndose y expresándose en la Iglesia, habiendo tratado definitivamente con Su enemigo, y alcanzando la culminación gloriosa de la Nueva Jerusalén. He aquí la síntesis de la economía Divina. Primeramente Cristo venció El mismo la muerte gracias al Padre; pero ahora, por el Espíritu, entrega Su victoria a la Iglesia. El Espíritu toma lo que es de Cristo para nosotros. Y así como Cristo nació de Dios por el Espíritu, así también nosotros hubimos de nacer otra vez, ahora por el Espíritu de Cristo, ya no de carne ni sangre, sino de Dios. Y así como Cristo creció en estatura, en gracia y sabiduría, habiéndose santificado por nosotros, y habiendo vencido las pruebas por nosotros y para la gloria del Padre, y habiendo sido perfeccionado hasta la medida de un Varón perfecto, así también nosotros tenemos que crecer en Cristo, viviendo por y en Su virtud. Tenemos que madurar en Cristo, viviendo en unión con El hasta ser configurados a Su propia semejanza. De tal manera Cristo tiene que ser contenido y expresado en el Iglesia, tal como el Padre es contenido y expresado en Cristo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. El Cristo de Dios es corporativo (1 Corintios 12:12). La Cabeza es Jesucristo y el Cuerpo es la Iglesia. Primeramente Dios se reveló en Cristo, pero ahora Cristo se contiene y se revela o se expresa por el Espíritu en la Iglesia, según Su Palabra, las Sagradas Escrituras.

La Iglesia está gestando el Reino futuro
Pero el asunto no termina en la Iglesia, pues también dice la Escritura: "Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Ro. 8:20 21). Así que después de la obra del Señor con la Iglesia, viene la manifes¬tación gloriosa del Reino. Por eso es que después del período de la Iglesia, Dios juzga a los que no querían que El reinase. Entonces se manifestará el Reino con aquellos que fueron facultados para juzgar mil años. Luego Cristo entrega este Reino al Padre. El tiene que someter al Padre todas las cosas. El Padre hace todo para el Hijo, y el Hijo hace todo para el Padre.
El Padre dio al Hijo una esposa y el Hijo se presenta a Sí mismo tal esposa gloriosa, mas también la devuelve al Padre en sujeción, con toda la creación, para que Dios sea todo en todos, habiendo juzgado al enemigo. Entonces el fin incluye el Reino. Cristo las primicias, luego los que son de Cristo, en su venida, entonces el fin. El período de la Iglesia es como la gestación del Reino. El Reino de los cielos tiene una parte en la Iglesia y otra parte en el Milenio. Y entonces, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, será para que Dios lo sea todo en todos. Dios contenido y expresado corporativamente, no solamente durante el período de la Iglesia, ni solamente durante el milenio, sino también en la Nueva Jerusalén, la cual aparece conteniendo la gloria de Dios. En la Nueva Jerusalén vemos la gloria y la plenitud de Dios contenida y expresada en su consumación final. Dios incorporado en las criaturas, los hijos, el pueblo de Dios. La gloria de Dios transparen¬tada a través de la nueva creación. Por eso la Nueva Jerusalén es diáfana y cristalina, pues por ella pasa sin distorsión la gloria de Dios participada.

Jesús dijo: "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno" (Jn. 17:22). Primero están el Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo, Dios solo en unidad, pero Dios quiso integrar a esta felicidad a Su creación. "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree..." (Gé. 1:26a). Luego que el hombre cayó, Dios manifestó Su determinación de redimirlo, y aun de recompensarlo por las obras hechas en la gracia de la redención en Cristo. Y determinó Dios conseguir Su propósito. En el fin vemos a Dios plenamente expresado, habiendo tratado con Sus enemigos, con toda rebelión, con todo aquello que Dios reprueba en el universo. En el fin tenemos todas las cosas reunidas en Cristo, en la economía del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos como las que están en la tierra. Tenemos que ver, pues, el gran programa de Dios en síntesis, para después hacer el desglose de los elementos de esa síntesis. La síntesis es necesaria, para no perdernos durante la consideración de los detalles. Es la síntesis la que permite colocar en su lugar y aprovechar los detalles. La síntesis es la visión de la línea maestra del plan de Dios. Es la panorámica. Dios está incorporándose. Jesús lo simbolizó como una vid. "Yo soy la vid verdadera". Es como una vida a la cual comienza a salirle ramas y a extenderse por la tierra. Cuando vemos la Nueva Jerusalén, en ella está el trono, y bajo la autoridad de Dios está el fluir de Dios, el río de Su Espíritu, que es aguas de vida fluyendo a través de aquellos que se someten a la autoridad de Dios. Si no nos sometemos a la autoridad de Dios, no tenemos el fluir de Dios, pues el fluir de Dios viene de debajo del Trono de Dios. Tenemos que someternos a la autoridad de Dios, estar debajo del Trono de Dios, para recibir el fluir de Dios.

A lado y lado del río de Dios está el árbol de la vida, el cual es uno solo, pero a lado y lado del río, porque es una vid que desciende con el río desde el trono de Dios para dar vida a la ciudad de Dios, que es la esposa. Tenemos allí al Padre revelado en Su naturaleza divina, en el oro de la Jerusalén Celestial. Tenemos al Hijo revelado en la vid verdadera, que es el árbol de la vida, con toda la Iglesia, la cual es las ramas de la vid, llenando toda la Jerusalén de Dios. Vemos allí la incorporación y manifestación de la gloria de Dios. El Espíritu es el río de Dios descendiendo por en medio de la calle de la ciudad de Dios, la cual es el camino, que es Cristo, que nos trae a Dios y nos alimenta de El, y también nos aproxima a Él y nos introduce en El. La calle va descendiendo desde la cima del monte de Dios, cuya anchura, longitud y altitud son similares. Es Dios dispensándose a sí mismo en vida, luz y gloria, incorporado y manifestado a través del Cordero-Lumbrera y de Su esposa hecha transparente, diáfana y cristalina, de tal manera que al verla, se ve a través de ella la misma gloria de Dios. En Apocalipsis 4 se presenta el Señor como una piedra de jaspe. Pero en Apocalipsis 21 y 22 es la Nueva Jerusalén la que aparece como una piedra de jaspe. La gloria de Dios que estaba oculta solamente en El, y que el Padre compartía con el Hijo en el Espíritu, Dios quiso revelarla corporativamente, puesto que Él es trino, e incorporar a esta íntima comunión divina Su nueva creación.
Ciertamente que hubo rebelión en la creación, pero a su debido tiempo trató con ella. Por eso en el fin de Apocalipsis ya no hay más maldición. Allí vemos a Dios plenamente revelado, incorporado, contenido, expresado, habiendo tratado con Sus enemigos. Vemos allí la máxima consumación de la manifestación eterna de la gloria de Dios. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, para ser el vaso corporativo que contiene a Dios. El hombre como género. Por eso la corporatividad. El canal por el cual Dios se expresa. Esto llega a acontecer primero con la Iglesia en Cristo, y tras Él, entonces, el resto de la creación será libertada de la esclavitud de corrupción, con gloriosa libertad de los Hijos de Dios (Romanos 8:21). El enemigo es entonces totalmente vencido y juzgado y el poder de Dios hecho notorio. Cristo las primicias, luego los que son de Cristo en Su venida. Luego el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, para que Dios sea todo en todos. Entonces, pues, la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Esta es, pues, la voz de la Iglesia desde la Palabra Santa.

Tags: economía divina

Publicado por giv1 @ 19:32
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